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lunes, 29 de mayo de 2017

Prólogo: el abogado de las brujas


Buenas tardes querido lector:


He aquí el prólogo:

1588, Singüenza.
Ellos se cerraban, él los abría. Pero sus ojos se volvían a cerrar, somnolientos, al compás de sus bostezos.
Ellas aflojaban las bridas, él las apretaba. Pero las adormecidas manos, las volvían a soltar.
Salazar abrió los ojos de nuevo y agarró con fuerza las riendas.
¡Dichoso sueño! ¡Ni que fuera de noche!
El recién licenciado de Derecho Canónico miró atrás, a los lados y en frente, pero no veía el solitario camino por el que andaba, pues estaba oscuro.
Era de noche.
El sol se había despedido de él mientras dormitaba. Miró al firmamento, ahora sólo había estrellas intensas, como perlas radiantes, en océanos de azul marino y la hermana pequeña del sol: la luna.
Suspiró, resignado.
Detuvo a su fiel y dócil yegua. Se apartó del camino y ató a un sauce al animal. La acarició dulcemente y cogió una pequeña manta para dormir unas horas, las imprescindibles. Pensaba ponerse en marcha con el primer tímido rayo del sol.
Se acurrucó al viejo tronco y cerró los ojos.
Apacible noche.
Ese fue su último pensamiento antes de quedarse profundamente dormido.
Un repentino remolino, un violento viento le arrancó despiadadamente la manta.
Contrariado, se levantó y recuperó la manta. Miró al cielo, seguía despejado.
No entendía de donde había salido aquella ráfaga de viento. Se volvió a acurrucar y echó un vistazo a la yegua, que resoplaba intranquila.
Observaba algo fijamente en la copa del sauce.
Salazar levantó la cabeza y atisbó un cuervo en una rama.
¿Pero de dónde había salido si no estaba? ¿Vino con el remolino de viento?
Bah, tonterías…
Salazar se dio la vuelta apartando cualquier pensamiento estúpido de su mente y cerró los ojos, cansado.
Un graznido.
Se tapó la cabeza con la manta.
Otro graznido.
Y otro, y otro más. Aquel pájaro mal agüero no se callaba.
Irritado, Salazar se levantó para espantarlo. Gritó e hizo aspavientos para asustarlo.
Pero ahí estaba el cuervo, tan tranquilo, de hecho parecía mirarlo con burla, con unos ojos astutos. Voló y se posó en una rama más cercana, como si quiera escudriñarlo mejor con aquellos ojos saltones y sarcásticos.
-Ahora verás-musitó Salazar, cogiendo una piedra del suelo y lanzándola contra el ave.
¡Zas! Pasó muy cerca…pero el cuervo ni se inmutó.
Salazar se quedó pasmado, aquello no era normal. El cuervo le siguió escudriñando con sus ojos astutos, era como si le mirase otro humano.
-Está bien, compartiremos el árbol- se rindió. No iba a dejarse asustar por el ave. Él no creía en absurdas supersticiones pueblerinas. Él sólo creía en Dios.
Cogió la manta y se volvió a acomodar en el tronco del sauce. La verdad es que esperaba oír de nuevo los molestos graznidos.
Pero no, sólo el silencio llenaba sus oídos. Feliz, se dispuso a dormir.
Sin embargo, empezó a removerse debajo de la manta, intranquilo. El sueño y el cansancio le abandonaron de golpe, se puso muy nervioso y no entendía por qué. En vano trató de relajarse respirando hondo. Tenía una sensación extraña, como si una vieja malhumorada lo azuzara con un bastón. Intentó desquitarse de la cabeza esa estúpida idea.
Pero era imposible.
Se quitó la manta de un manotazo, levantándose de un salto y dispuesto a coger a la yegua para alejarse de aquel lugar siniestro.
-¡Esto es el colmo!- farfulló iracundo, al ver la escena.
El cuervo estaba en la grupa. Yegua y cuervo se miraban el uno al otro fijamente, como si se hablaran a través de los ojos.
-¡Fuera, bichejo!-gritó, acercándose muy enfurecido.
Una vez más, el cuervo ni se inmutó. Estupefacto, Salazar se quedó enfrente de la grupa, muy cerca del ave y mirándolo fijamente. El cuervo le sostuvo la mirada con sus ojos astutos.
Salazar necesitó dar un manotazo para que saliera volando.
Para no reconocer que tenía miedo de aquella insólita situación, se limitó a resoplar enfadado mientras desataba a la yegua del árbol y la montaba para alejarse de allí.
La yegua ni se movió.
-Vamos, por el camino- azuzó extrañado, nunca le había desobedecido, pero la hembra se dio media vuelta y empezó a caminar por el bosque, en dirección al río Henares. -¡Por ahí no!-, de nada le sirvió tirar con todas sus fuerzas para que volviera por la senda. -¿Pero qué te pasa, testaruda?-, intentó pararla para poder bajarse, pero la yegua seguía sin hacerle ningún caso.
Salazar alzó las manos y miró al cielo para implorarle a Dios que le ayudara en esa noche tan torcida.
Se quedó con los brazos levantados, pasmado.
Ahí estaba.
El cuervo.
-¡Está siguiendo al maldito pájaro!-, tiró de las riendas con todas sus fuerzas y espoleó fuertemente con los talones. No iba a permitir que un cuervo ahora le dictase el camino.
Pero el cuervo se alejó rápido y la yegua le siguió al galope.
A Salazar no le quedó otra que agarrarse para no caerse y ponerse a rezar para que acabara aquella locura insensata.
Hoguera rodeada.
Gritos aterrados y amenazadores.
El Río Henares, testigo silencioso e impasible.
-¿Qué ocurre aquí?- preguntó Salazar, con tesón.
Los gitanos pararon de gritar y moverse en círculos alrededor de la fogata y una mujer agachada, que gimoteaba.
Cualquiera hubiese dado media vuelta para no buscarse problemas. Pero Salazar no era cualquiera.
-Sigue tu camino, extraño, esto es asunto gitano-espetó un hombre alto y corpulento, con mirada avinagrada.
-Mm… ¿Por qué no soy gitano? ¿Lo es la mujer a la que asustáis?-interrogó Salazar, perspicaz.
-No- reconoció el mismo hombre, escupiendo la mezcla de hierbas que mascaba. -Pero es bruja- añadió, -así que no os acerquéis si no queréis resultar herido-advirtió mientras le daba la espalda.
-Ahh…claro-asintió con ironía, -Dios me protege, soy sacerdote, con que no me pasará nada si me acerco-declaró duramente.
Bueno, para ser exactos…
Lo iba a ser muy pronto, por eso se había puesto en camino, para tomar los hábitos y ponerse al servicio del obispo de Jaén. El Señor le perdonaría la mentira por una buena causa. Él no creía en brujas ni otras habladurías, achacaba la creencia de esas fábulas a la ignorancia de la gente.
El hombre, que parecía el jefe del clan se volvió de nuevo, para escudriñar con sus ojos de vinagre al futuro clérigo.
-Es más, de ser así, me concierne-agregó, abriéndose paso con la yegua al centro, donde estaba la mujer agazapada, muy cerca del fuego.
No era una mujer encogida en el suelo por miedo.
Era una niña de pie, paralizada del terror.
-¡Pero si la cría no debe de tener más de seis o siete años!-exclamó indignado, -¡qué va a ser bruja!-negó, bajando de la yegua y acercándose a la niña.
-¡No os aproximéis, el diablo está cerca de ella!-bramó una mujer de voz ronca.
Salazar se detuvo y observó a la anciana con la cara oculta por las greñas grisáceas y una nariz descomunal. Estaba recubierta toda su piel agrietada por harapos de lo que antaño fue de colores chillones y unas pulseras con herrumbre.
Salvo sus manos, asomaban con dedos enroscados y uñas largas, retorcidas y amarillentas. Enseñaba tres cartas.
El diablo, un hombre colgado al revés y otro hombre abriéndole la boca a un león.
Cartas del tarot.
Aquella mujer sí que parecía bruja.
-¿Adivina? Esas cartas endiabladas no son obra de Dios, así que o se deshace de ellas y dejan tranquila a la moza o me veré obligado a…tomar cartas en el asunto-concluyó.
-¿Amenazas a mi abuela con denunciarla a la Inquisición? ¿Aquí? ¿Solo y de noche?-inquirió el gitano, agriándose la mirada aún más y sacando un cuchillo.
-No me parece justo que a una anciana que se entretiene con una ilógica baraja acabe torturada como a las brujas gallegas ¿sabes qué le hacen?-le preguntó Salazar impasible, – les deja caer sobre la cabeza un goteo de agua continuo, al cabo de un tiempo, el cráneo se ha perforado-siguió mientras cogía a la niña y la montaba a la grupa de la yegua. –Pero tampoco es justo que se haga daño a una niña por una tirada de cartas-concluyó, dispuesto a subirse él también.
-¡¡Quieto!!-chilló la anciana, zarandeando las tres cartas, -el colgado anuncia el poder profético; la fuerza que abre la boca del león, revela el poder de domesticar a las bestias; esos dones se los ha dado el diablo-bramó, señalando con su maltrecho dedo a la niña.
Haciendo caso omiso, Salazar hizo un conato de subirse a la montura.
-Alto, cura, no nos libraremos de la maldición hasta que nos deshagamos de la niña- el gitano amenazó con el cuchillo al cuello de Salazar.
-No son más que supersticiones-decretó, afilando la voz, manteniendo toda la calma posible. –Y una maldición si te caerá como me mates a mí, la justicia te mandará a la horca-prometió.
Todos estallaron en carcajadas. ¿Quién iba a saber qué fueron ellos? Si enterraban su cuerpo jamás nadie sabría qué le pudo ocurrir al cura.
La amenaza no había surtido efecto.
-La mala suerte pesa sobre esta familia, sólo se romperá este mal de ojo con la sangre de la mocosa- aseguró el gitano.  -Curó a un ruiseñor que tenías las alas rotas de sólo tocarlo, y estaba hechizado por ella, pues cantaba de día y no de noche. Cuando le echamos los perros hambrientos, éstos sólo se dedicaron a darle lametones y se nos echaron encima a nosotros- bramó, apretando el cuchillo contra el cuello de Salazar, mientras le mostraba el otro brazo lleno de mordeduras.
-Miró a mi hermano y le dijo que moriría- agregó otro gitano, con la cara sucia y cuerpo esquelético, -¡y murió! Ella le echó un sortilegio-acusó.
-Mis pequeños se extraviaron y se cayeron sobre un pozo, la niña sabía dónde estaban ¡sólo lo podía saber porque los tiró por maldad!-sentenció una mujer de voz chillona con dos niños pegados a sus faldas.
-Además, hemos perdido nuestros dineros, pasado hambre y el mal tiempo nos sorprende de pronto ¡nos lanza conjuros!- añadió otra gitana, exaltada.
-Eso son coincidencias que achacáis a mala suerte-negó Salazar.
-Siempre la Iglesia nos han condenado y perseguido, Padre, con que si se interpone en nuestro camino, no tendremos piedad-juró el gitano que le amenazaba con el cuchillo. Estiró el brazo y bajando a la niña del animal tirándole del pelo.
La pequeña rompió a llorar tras la fuerte caída. Sin piedad, el gitano la arrastró por el suelo por la cabellera de fuego; el fulgor de las llamas se reflejaban en el pelo de la aterrada niña.
Un aullido se escuchó, parecía el de una vieja.
Un viento de una infernal fuerza se levantó, formando un remolino con tal brío que ahogó las llamas de la fogata y todo quedó a oscuras.
Así, oculto, en la negra noche el gitano no vio al negro cuervo hasta que sintió el picotazo en su mano.
Soltó el cuchillo.
Salazar lo cogió en su caída y agarró la mano de la niña, pero el gitano no la soltaba y tiró más por la cabellera mientras le asestaba un puñetazo en la cara de Salazar.
Ignorando el dolor, no puso la otra mejilla como le habían enseñado; sino que le dio una patada en la ingle. Con el cuchillo cortó el pelo de la pequeña, liberándola.
La niña salió corriendo.
No lo veía bien en la oscuridad, pero escuchó como toda la familia gitana sacaban los cuchillos.
Aquel era un buen momento para que Dios obrase uno de sus milagros.
Mientras hacía un ruego rápido mental, Salazar se montó en la yegua de un salto, le dio la vuelta y la encabritó.
El animal empezó a dar coces de diestra a siniestra, daba dentelladas y pisoteaba. En la oscuridad, los gitanos no venían de dónde venían los golpes. Los hizo volar por el aire y creer que aquel cuadrúpedo también estaba bajo el hechizo  de la niña, pues no quedó uno en pie.
Salazar intentó ver dónde estaba la pequeña, pero no la veía por ninguna parte. De repente, todo le dio vueltas y se mareó.
Algo cálido le estaba empapando las ropas por un costado.
En la oscuridad, aquella mirada agriada brilló. Tras acuchillarlo a traición, lo derribó de la montura y lo pateó con una sola pierna. Lo agarró del cuello y, cojeando, lo arrastraba hacia la orilla del río.
-Tú has venido a desgraciar a mi familia porque la bruja te llamó, condenado cura-jadeó el gitano.
Una bruja pidiendo ayuda a un futuro sacerdote.
Salazar se hubiese reído de tener fuerzas, pero se le escapaban, mezclándose con las gélidas aguas del río.
El gitano le siguió arrastrando más adentro del río y le hundió la cabeza, ahogándolo.
Mientras todo el aire le abandonaba en burbujas, el frío le atravesaba todo el cuerpo. La sombra de su agresor se movía con el vaivén del agua. Forcejeaba, pero cada vez con más debilidad mientras la vista se le nublaba.
El sueño con el que empezó la extraña noche regresó.
Se estaba muriendo.
Cuando acabase con él, iría a por la indefensa niña.
¡No permitiría tal atrocidad!
Aún llevaba el cuchillo que le arrebató. Lo había guardado entre sus ropas.
El gitano rió y soltó al cuerpo inerte que ya no le ofrecía resistencia. Pero Salazar emergió de las aguas y blandió el arma en alto.
Gritó sorprendido y esquivó el golpe por muy poco. Pero el gitano se recompuso rápido y  le sostuvo el brazo para frenar el golpe, le metió un puñetazo en el estómago que le dobló. El hombre le retorcía la muñeca para que soltara el cuchillo, pero Salazar no lo soltaba. Allí, doblado, mientras seguía recibiendo golpes, hundió en las aguas la otra mano y cogió una roca.
Se levantó con brío y con sus últimas fuerzas hundió la roca en la mejilla del gitano.
Tambaleó.
Dio unos pasos.
Cayó de rodillas en el agua.
Levantó su mano implorante al rosario que titilaba en el cuello de Salazar. Pero no lo pudo alcanzar… como no alcanzaría el cielo.
Se hundió lentamente.
La mirada avinagrada perdió su último brillo bajo el río. Su sepultura.
Para no compartir tumba con aquel infame, Salazar salió a la orilla con pasos temblorosos.
La yegua se acercó y él  montó para alejarse de allí, despacio, despacito…la herida le dolía agudamente.
Se recostó en el cuello de la hembra para dormir, por fin, esa noche.

La calidez del sol le despertó.
Amanecía apaciblemente.
Salazar se desperezó y se frotó los ojos.
¡Madre mía! ¡Se había quedado dormido en la propia yegua toda la noche! No llegó a pararse a descansar.
Miró en derredor para ver a qué altura del camino se hallaba, si faltaba mucho o poco.
Un momento… ¡estaba herido de muerte!
Salazar recordó asustado que le habían acuchillado, rebuscó entre sus ropas y se palpó el costado.
Estaba intacto.
Se dio en la frente, avergonzado. Sólo había sido una pesadilla con un cuervo y unos gitanos.
Ese mismo día, al atardecer, se ordenaba sacerdote y ya había olvidado completamente el extraño sueño, con una niña bruja de cabello encendido como el fuego.
Ignorando…
…que mientras dormía sobre la yegua, esa niña que huyó, plantó la semilla de una rosa justo cuando el corazón daba su último pálpito.
Era roja, como la sangre derramada de Salazar.
Pero la luna le siguió dando la luz y esta se fue tornando blanca. Cuando hasta el último pétalo era puro blancura, el corazón de Salazar volvió a latir.
Contenta, la niña arrancó la delicada flor blanca y se la llevó. La necesitaría en un futuro, tanto para él como para ella.

Una rosa que no marchitaría hasta el final de los días del futuro inquisidor.

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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viernes, 19 de mayo de 2017

El precio del esplendor de Justiniano: el circo de la muerte.


Buenos días lector:

Hoy vamos a retrotraernos a la época romana, vamos a ir un poco más lejos de lo primero que nos viene a la mente: Roma.

Cuando evocamos el Imperio Romano pensamos en Roma, el Mediterráneo, las tierras conquistadas de la Galia, Hispania y Bretonia (Francia, España e Inglaterra) pero, no obstante, solemos pensar en la parte occidental descuidando la oriental. La realidad es que la parte oriental del Imperio romano era más rica y mejor estructurada que la occidental dejando un gran legado cultural y una rica historia.

Constantinopla (hoy Turquía) dejó una herencia inigualable, hoy en día nos ha llegado su increíble desarrollo de la administración así como del Derecho, por no hablar de la expansión de la religión cristiana cuya clave de su éxito de difusión que nos ha llegado a la actualidad partió de estas tierras así como de la persona que ordenó su expansión: el emperador Justiniano, conocido como "el último de los romanos" por su afán de revivir el gran esplendor de la época romana clásica.

El emperador Justiniano hizo grandes logros en los siglos IV-V d.C, reconquistó tierras con tras numerosas campañas y guerras contra varios imperios y reinados enemigos; mandó a dictar el "Digesto", el "Código" y las "Instituciones" fundamentales para el desarrollo del Derecho. Revivió la idea que la unión efectiva de un imperio partía de la fe y dictaminó el Cristianismo como la religión oficial del imperio. Como si fuera poco, se aseguró de impulsar la arquitectura, el arte y la literatura; y como no, la reconstrucción de la simbólica "Santa Sofía" fue bajo su mandato.

Hombre clave y fundamental sin duda, pero un hombre igual de ambicioso que  muchos emperadores que con tal de mantener el poder está dispuesto a lo que sea.  Esto dio lugar uno de los hechos más sangrientos y terroríficos que muestra cual es el "precio" de la permanencia de su imperio.

En Constantinopla se hallaba un hipódromo (centro deportivo y social donde se celebraban juegos como la carrera de caballos) que llegó a ser el más grande del mundo por entonces (actualmente se halla a dos metros bajos el suelo y encima está la Plaza Sultán Ahmet). En el hipódromo se reunía la gente y en la tradición de los romanos orientales, los distintas facciones políticas se encontraban en este circo y debatían. Es por ello que Justiniano elige este lugar clave para acallar todas las voces descontentas cuando sube al trono y se encuentra con revueltas e insurrecciones religiosas y políticas, descontento por las partes que no lograron acceder al trono, miseria y pobreza, dificultad de recoger los impuestos...

Justiniano tenía dos alternativas tras una sedición que duraba ya seis días en la capital (conocida como los disturbios de Nika) huir renunciando a todo o, aconsejado por su mujer Teodora, eliminar a los rebeldes. Tras reunirse todas las facciones en el hipódromo, de 30000 a 40000 personas desarmadas, mueren todas asesinadas por orden del emperador; acabando así con la revuelta y todo oponente abriéndose un largo reinado por delante para sus hitos históricos a costa de un genocidio.


Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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sábado, 29 de abril de 2017

Motín de la India: brujería cristiana contra musulmanes e hindúes


Buenos días lector:

Previa a la Semana Santa y vistazo interesante al Día de la resurección ¿Domingo? Vimos otro donde podíamos ver la increíble fuerza que tiene el miedo y las habladurías sobre ritos de brujos en momentos históricos claves que pueden ser usados como detonantes favorables a las partes interesadas. Para salirnos de Europa y su famosa caza de brujas, nos detuvimos en América: El Kum: brujería caníbal en Papúa Nueva Guinea. Y nos quedaron pendientes un viaje por India y otro por África.

Vamos a recordar hoy el particular motín ocurrido en India en 1857, durante la ocupación británica. Estalló una rebelión por unos cartuchos realmente, la cuestión fue que los británicos solían tener en cuenta las tradiciones tanto de los hindúes como de los musulmanes que vivían en esta tierra pero, al darle a los soldados cartuchos nuevos de recarga para sus rifles, tenían que morderlos para romper los cartuchos y recargar, los fabricantes proporcionaban para esto grasa de ternera y cerdo.

Como es sabido, ambas culturas rechazan la ingesta de estos animales por motivos religiosos y se tomó como grave ofensa. Los soldados se negaron y su oficial al mando los juzgó por su negativa, provocando el motín en Delhi y tomó tanto fuerzas que se extendió por todo el norte de la India.

Uno de los motivos para que el motín en vez de ser puntual estallara en rebelión y se extendiera por el país fue unos rumores que empezaron a circular entre hindúes y musulmanes. Se decía que a la grasa de cerdo (así como al trigo para alimentar a los soldados y a los pozos), los británicos añadían huesos molidos y otros mejunjes propios de brujerías para obligarlos a convertirse al cristianismo. Esto se convirtió en un rumor gigantesco terrible y suficiente para enfurecer a los campesinos y tomar armas no sólo para defender su fe, sino para expulsar a los británicos cristianos y volver a la época imperial mongola.

Estamos ante un movimiento anticolonial que fue ayudado y propulsado con rumores hechos para recurrir al pánico y su defensa ante ello. Con que hay similitudes con la tensión que veíamos en Papúa Guinea. En este caso, cumplió su función, si bien los británicos siguieron gobernando la India, tuvieron que cambiar el régimen de gobierno, el sistema financiero y administrativo así como su ejército.

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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lunes, 17 de abril de 2017

Día de la resurrección: ¿domingo?


Buenos días lector:

Hoy, con motivo de la Semana Santa, vamos a aprovechar y revisar de dónde vienen estas celebraciones y sus fechas, más allá de lo que ya damos por sentado por tradición. Como bien vimos en el artículo Nacimiento de Jesús: decidido siglos después, ese 25 de diciembre se tambalea irrevocablemente (no obstante, no da lugar a dejar de celebrar nuestras tradiciones o abandonar la fe cristiana si se cree en ella). Pues veamos que pasa con su día de Resurrección.

Lo primero de todo, y ante la duda de por qué la Semana Santa no tiene una fecha fijada y varía cada año, es porque se atiende a la primera luna llena después del equinoccio de primavera. 

Dicho esto, para ver el origen de esta celebración lo primero que tenemos que tener en cuenta es que no hay referencia concreta en la Biblia pero si una continuidad de la Pascua Judía a la Cristiana, ya que Cristo muere el primer día de la Pascua Judía (el 15 de Nisan, primer mes del calendario judío), la víspera del 14 mientras los judíos comen el Cordero Pascual, Jesús celebra la Última Cena y resucita el 17 de Nisan.

El 17 de Nisan ese año cae en domingo, pero no todos los años cae el mismo día de la semana, al ser el calendario judío lunar y el cristiano solar la conversión es difícil con que se fija el domingo por el calendario romano desde el siglo III. Además, cada cuatro años los judíos intercalan un mes de su calendario de forma arbitraria lo que lo complica más aún. De modo que ellos celebran el 15 y 17 indistintamente que día de la semana sea.

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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sábado, 8 de abril de 2017

El Kum: brujería caníbal en Papúa Nueva Guinea


Buenos días lector:

Hoy vamos a ver un detalle curioso de la Historia de Sudamérica de la década de los setenta acerca de la brujería y las creencias de la gente del lugar. Cuando pensamos en brujería, rápidamente nuestra mente viaja a las brujas de Salem, o a Essex, y pensamos en la Edad Media y Moderna en la vieja Europa con su famosa caza de brujas por la Inquisición. Sin embargo, parece que se acaba ahí la creencia en brujas y su persecución...pero no es así; ya en un anterior artículo vimos que la Corona Española creyó necesario llevar este Tribunal a las colonias americanas. Pero vayamos hoy un paso más lejos que iremos viendo en los sucesivos artículos.
Hubo creencias de brujas en África, India y América y jugaron su papel protagonista en momentos históricos tan importantes como el Motín de la India en la época colonial británica. Hoy veremos un curioso fenómeno que se hizo popular en Papúa Nueva Guinea no hace mucho (los años setenta): 

El Kum, que significaba la brujería caníbal.
En Papúa, tras la independencia de 1975 hay una incertidumbre política y un momento de cambio de transición política colonial a post-colonial. Durante el tránsito, hay grandes enemistades entre los clanes a favor y en contra del proceso y se comienza a extender la idea que algunos de estos clanes son perversos y se dedican a pervertir a la gente y extender epidemias mediante rituales de brujería. Esta brujería tiene los rasgos y herencia de las creencias populares de estas tierras, (que se diferencian de las acostumbradas y conocidas europeas), con que los ríos tienen un papel protagonista dado que eran usados por tradición para curar.

De modo que ahora eran el escenario para enfermar, se creía que los brujos se ponían en la cabecera de los ríos para infectarlos con trozos de carne humana o los "kum" y convertir a la gente en caníbales. Los kum eran unas piedras pequeñas que poseía unos individuos de cada clan y estas piedras tenían una fuerza mágica que podía ser benigna o maligna, se podían utilizar para curar o para desatar una feroz hambre insaciable que consumía la víctima. La idea era que la persona al beber agua del río estas piedras se colaran en su garganta desatando su poder.


El pánica se extendió rápidamente, pero afortunadamente de la misma manera desapareció evolucionando a la creencia de que las brujas iban al cementerio a comer a los recién enterrados.

De modo que podemos ver que la creencia en rituales de brujería no es  un hecho que haya quedado en el pasado remoto y la extensión de rumores de magia negra para cundir el pánico ha sido recurrente cada vez que se ha creído conveniente para fines particulares.

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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jueves, 23 de marzo de 2017

Las mujeres samurai: Nakano Takeko


Buenos días lector:

Hoy vamos a trasladarnos al Lejano Oriente para comentar algo que muchas veces no se es consciente pero existe. Todos hemos oído hablar de los samurai y hemos visto películas impactantes como "El último samurai" con Tom Cruise o los "47 Ronin" con Keanu Reeves. Automáticamente se nos viene a la cabeza la imagen de un hombre guerrero con su famosa katana. Sin embargo, si pensamos en la mujeres, pensamos en sus fieles esposas con sus quimonos haciendo el ritual del té.


Por lo tanto, no estaría mal recordar que si hubieron mujeres samurai, las familias que podían pagar una educación a sus hijas para artes marciales lo hacían. Así que no sólo aprendían letras y tocar instrumentos, algunas se las formaba para luchar y así defender su hogar, familia y clan. El arma para la mujer samurai era la naginata, un asta larga con una hoja curva afilada en su extremo para cortar y darle la ventaja a la mujer de cortar a distancia para que hombres con más fuerza no se les pudiesen acercar. Además, también llevaban dagas para defenderse a corta distancia y, en último término, cortarse la garganta para defender el honor de familia antes que las capturasen.

En la historia japonesa hay guerreras famosas de las que se cuentan sus historias y se las admira por su valor y determinación. Hoy veremos a la última de ellas que se la venera hoy en día y vivió relativamente hace poco (siglo XIX): Nakano Takeko.

Nativa de Edo, región de Aizu, y de familia de élite, fue instruida en artes marciales y letras, demostrando su talento en la lucha, a los 16 años ya era maestra y enseñaba a chicas más jóvenes que ella. Era famosa por su dominio perfecto de la naginata. Takeko se vio envuelta en tiempos turbulantes donde unos clanes deseaban el regreso del emperador, pero el bando que ella pertenecía, defendían el mando del shogun. Poco a poco vio que el enemigo iba conquistando fronteras y cientos de mujeres se suicidaban antes de caer presas por el enemigo. Sin embargo, ella decidió no quitarse la vida, sino formar un ejército de mujeres guerreras que defenderían su tierra hasta la muerte. Con sus dotes de maestra las entrenó y se presentaron ante los guerreros varones para prestar sus servicios. Siendo rechazadas al principio, Takeko insistió y prometió quitarse la vida si no la dejaron luchar, finalmente los varones accedieron y Takeko dirigió a las mujeres en la batalla de Aizu (poco habitual porque el papel de la mujeres guerrera era más bien defender la ciudad). Tal fue la eficacia inesperada de estas mujeres en la batalla que el enemigo se vio apurado tras al principio no tomarlas en serio y fuero directos a matar a Takeko de un disparo en el pecho.

Takeko, negándose a servir de trofeo, pide a su hermana Yuko(la cual había entrenado) que le corte la cabeza (según el ritual del seppeku), unos dicen que su hermana se la corta finalmente y otros, su maestro. Su hermana se llevó la cabeza para que fuera dignamente enterrada y hoy en día se puede ver un monumento donde fue enterrada: en el templo Hokaiji, al lado de un árbol.

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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jueves, 16 de marzo de 2017

El flautista de Hamelín:Cruzada de los niños


Buenos días lector:

Reanudemos con detalles interesantes de la historia, y para la vuelta, vamos a enlazar con una de las entradas que más les ha gustado: Las Cruzadas y sus secretos, donde exponíamos el conjunto de Cruzadas y el motivo de ellas. Hay una que no incluí y ahora veremos por qué y, sin embargo, ya me han preguntando por ella: La Cruzada de los Niños. ¿Cuál fue? ¿Realmente existió? ¿ A qué se debe ese nombre?

Lo primero de todo, La Cruzada de los Niños o Infantil se conoce como la más misteriosa de todas dado que hay una mezcla de hechos reales y fantásticos que los historiadores aún no han podido separar del todo. Se explica que una de las Cruzadas fue protagonizada por niños alemanes y franceses en 1212, después de la Cuarta. Las versiones son las siguientes:


La tradicional: se cuenta que un niño francés juró ver a Jesucristo, quién le encomendó liberar a Jerusalén, este niño escribió al rey francés, pero a broma tomó estas cartas. Sin embargo, el niño insistió ver a Jesús por segunda vez y él mismo decide comandar la Cruzada reuniendo de 20000 a 30000 niños en su campaña. Al unísono, también un niño alemán jura haber visto a Dios y también reúne niños alemanes para la misión santa. Sin embargo el final es bien triste, pues los niños acaban muriendo de hambre o siendo vendidos como esclavos para cuando llegan a Egipto.

Modernas: los historiadores toman como hechos reales dos hechos históricos que pudieron servir de base para la primera. 

Una de ellas es la que recoge que la Cruzada hace referencia las migraciones de esta época de campesinos desarraigados del Norte de Francia y Alemania que fueron obligados a vender sus tierras. Estos grupos formaron bandas e iniciaron sus protestas por el desarraigo de forma religiosa (lo que no es de extrañar dada la época) y afirmaban seguir a la Cruz Cristiana a su vagar forzoso por falta de hogar. A estos grupos se les conocía como los "pueri", los "niños" como adjetivo descalificativo. De modo que se interpreta que este nombre fue traducido literal, tomándose que realmente eran niños y no grupos de todas las edades las que marchaban a grito de la Cruz (lo que no implicó realmente una Cruzada). 

En las otras versiones modernas se recogen dos movimientos religiosos que iniciaron un intento de Cruzada fallida por dos dirigentes: un pastor alemán: Nicolás y otro francés: Esteban de Cloyes; se interpreta que quedaron como los niños alemán y francés que tuvieron las visiones.

Estos hechos dieron la base perfecta para el famoso cuento de "Los niños de Hamelín".

Atentamente,                                                                                                   
Elena Rojas                     
                                                                 

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