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lunes, 19 de octubre de 2015

Los castillos que nos salvaron. Supervivientes en la costa.


Los castillos que nos salvaron. Supervivientes en la costa.

Buenos días querido lector:


Empecemos la semana rescatando un pedazo de nuestra historia hecho de piedra y cañón.
Como mencionamos en el anterior artículo El cañón Tigre y el Almirante Nelson, Canarias era un archipiélago demasiado estratégico para no merecer continuos ataques por potencias rivales a la Corona Española o por piratas. Ante el constante peligro no hubo más remedio que defender las costas  construyendo castillos y murallas defensivas.
De estas defensas hoy en día siguen en pie (o parte) El Castillo de San Juan conocido como Castillo Negro, el Castillo de San Cristóbal, el del Paso Alto y el de San Andrés en Santa Cruz de Tenerife (habiendo otros en otros puntos como el de Garachico o Puerto de la Cruz).
La principal fortaleza de la capital fue el Castillo de San Cristóbal (donde actualmente se guarda el cañón Tigre) y tal fue su importancia que la calle más importante de Santa Cruz le otorgaron el nombre de “Castillo”. Se empezó a construir en 1575 y dos años después comenzó a funcionar. Actualmente sólo se conservan sus murallas y se encuentra debajo de la Plaza España.

Afortunadamente el Castillo Negro si está bien conservado y hoy en día se puede ver exteriormente al lado del auditorio y junto a la Casa de la Pólvora. Fue la segunda fortaleza en importancia y se empezó a edificar en 1641 y también finalizado dos años más tarde. Al estar situado al lado de la Caleta de los Negros adoptó ese nombre y es en este lugar donde se celebra anualmente la conmemoración del fallido ataque del Almirante Nelson.

No obstante, también forma parte de la historia del Almirante Nelson la fortaleza menor de San Andrés (semi-derrumbado hoy en día) . Fue construido posteriormente a las otras, en el siglo XVIII, pero necesario ya que era en el Valle de Salazar (San Andrés) donde se refugiaban los barcos huyendo de los piratas y gracias a esta torre por fin se eliminó el calificativo de “puerto de piratas”.


Por último, el castillo de Paso Alto se comenzó a edificar en 1625 y resistió ataques incluso del mismísimo almirante inglés Robert Blake o ya el mencionado Nelson. Afortunadamente a pesar de haber sido de los más dañados en los ataques ha sido reformado y bien conservado y lo podemos localizar entre el Club deportivo Militar de Paso Alto y la Escuela Técnica Superior Naútica.


viernes, 18 de septiembre de 2015

Los martillos de brujas: los ases de la Inquisición


Buenos días lector:


Los martillos de brujas: los ases de la Inquisición

Es una expresión que habremos oído todos alguna vez: “El martillo”, cuando se está hablando de temas de brujería e Inquisición. Sin embargo ¿qué significa esta palabra cuando no se refiere a la herramienta física?
La institución inquisitorial funcionaba en toda Europa para perseguir la herejía, por tanto, necesitaba procedimientos “estándar” para saber cómo actuar cuando se encontraban herejes de brujería. En otras palabras, instrucciones precisas que debían seguir minuciosamente todo inquisidor durante todo el proceso: desde que se cogía al hereje, se interrogaba, se juzgaba y se aplicaba la sentencia final.
De esta necesidad nace el libro literario considerado como “el más funesto de la historia”. Un libro oficial donde indicaban todos los protocolos necesarios a seguir.
El primer libro “martillo” fue escrito por dos inquisidores dominicos: Enrique Institoris y Jacob Sprenger; a raíz de la “Bula bruja” del Papa Inocencio VIII donde exclamaba que había que corregir antiguos errores cometidos en los casos de brujería.
La obra es consideraba hoy en día como una de la más aterradoras de la historia. Sin embargo, en aquella época gozaba de gran prestigio y admiración por parte de países como Francia y Alemania. España, curiosamente, la consideró obra de un loco.
En la obra se atacaba directamente a la mujer a pesar de que se admitía la existencia de brujos y brujas. Constaba de tres partes:
La primera aclaraba la existencia de brujos desde la teología.
La segunda aborda la existencia de tres tipos de maleficencia y como los jueces debían proceder para que no le surgieran efectos los hechizos.
La tercera es la más impactante, pues aclara todo tipo de torturas que ha de practicarse para obtener la confesión de brujo. Y lo que era peor aún, se admitía todo tipo de acusación de terceros hacía otras personas (así viniese de delincuentes y asesinos). Además, se indica que los juicios deben ser rápidos para que el reo no tenga oportunidad de recurrir a la sentencia
Este libro sólo sería el primero de una serie de “Libros Martillos”, franceses y protestantes, conocidos también como “Malleus”. De los franceses clarisamente nos viene el nombre de Pierre Lancre, nombrado en el artículo de la Francesita, quién vivió en estos momentos convulsos de pleno auge de persecución a la bruja.
No es de extrañar que tras la difusión de los libros martillos salieran a la luz los aquelarres, pues las acusaciones de la gente hacían referencia justamente a lo que se mencionaba en estos libros.

De modo que, cuanto más se hablaba de brujerías, más brujos se encontraban.

Atentamente,

Elena Rojas

martes, 15 de septiembre de 2015

Templo masónico. El más bello. Expoliado, olvidado y rescatado


Templo masónico. El más bello. Expoliado, olvidado y rescatado

Buenos días querido lector:


Rescatemos hoy otra joya histórica que, más que levantar curiosidad, levanta perplejo y asombro.
No es raro pasear por las calles capitalinas de la isla de Tenerife y pasarte de largo un trozo de polémica historia ante tus ojos sin darte cuenta. Si bien pensamos que la calle San Lucas no es tan ancha y el templo se encuentra encajonado entre los edificios, pasa perfectamente desapercibido a no ser que levantes la cabeza hasta casi desnucarte.
Hay que reconocer que el efecto de “desnucarte” fue concebido adrede por el arquitecto dado que el templo no es grandioso y espectacular en tamaño como algunos localizados en Francia. Así que, para impactar, ideó que para verlo completo había que levantar la cabeza.

Pero créanme, merece la pena el esfuerzo si consideramos que es considerado el más bello templo masónico de toda España y uno de los más importantes de Europa dado que respetó perfectamente la ideología masónica y fue diseñado para hacer estrictamente el paso espiritual que ha de realizar todo iniciado en la masonería.

Si echamos un vistazo al diseño y disposición de las salas nos llamará la atención que lo que parece “absurdo” está en armonía en esta ideología. Tras cruzar el umbral nos hallamos en un recibidor con tres puertas. La puerta central da a la sala de Tenidas pero no se ha de ir por ahí, se debe cruzar el pasillo que rodea completamente para la sala para llegar a ella.
Bien, todo  masón ha de empezar con la izquierda, atravesar el pasillo y bajar siete peldaños. Luego ha de ir a la caverna (que es una cueva natural de tubo volcánico, única en todos templos masones existentes que representaban la caverna en un cuarto oscuro; donde se ha de pasar una reflexión en la oscuridad y se cuenta que allí había un esqueleto). Tras este periodo en la oscuridad el iniciado volverá al pasillo y sigue rodeando la sala de Tenidas y sube siete peldaños. Entra en la sala contigua para finalmente poder entrar a la principal.

En esta sala se reunían los masones para sus ritos. Tenía pavimentos y columnas y frescos en el techo por siempre perdidos.
El templo tiene muchísimas más joyas, la famosa escalera doble en espiral, la Sala de Banquetes. En su fachada encontramos el ojo del Gran Arquitecto. El dintel de portón tiene el símbolo de Horus y el escarabajo. Cuatro efigies custodian el templo y columnas cuyo capiteles tienen formas palmerales.
Realmente sólo un propio masónico sabe la joya que es este edificio al entender todo símbolo e ideología de cada detalle del único edificio.
El templo fue construido entre 1899 y 1902 para la Logia de Añaza, cuyo arquitecto fue Manuel de Cámara. El templo funcionó pero con la Guerra Civil Española, desgraciadamente fue expoliado y destruido sin miramientos. Bien sabe los masones que los muebles fueron tirados por las ventanas y las pinturas destruidas.

¿Qué hicieron con el templo? Los militares lo usaron como almacén para su farmacia.
Con la llegada de la democracia el Ayuntamiento de Santa Cruz recuperó el inmueble y ha sido parcialmente restaurado, pero todavía falta mucho trabajo y esfuerzo. Sin embargo, la buena noticia es que está programado para el 2016 un Congreso Masónico de carácter internacional, un evento único organizado por el Consejo supremo del Grado 33 (el máximo en su categoría). Así que debe ser restaurado para dicha celebración.
Nunca es tarde.

Atentamente,

Elena Rojas


PD: tienen una propia página para visitar: http://templomasonicotenerife.es/

sábado, 12 de septiembre de 2015

Los Lercaro. Origen de la leyenda del pozo de Catalina


Los Lercaro. Origen de la leyenda del pozo de Catalina


Buenos días querido lector:


Rescatemos otra curiosidad de la historia. Si bien es verdad que no es la primera vez que escribo acerca de los Lercaro, la otra vez fue un relato y esta vez veamos la historia de esta curiosa familia cuyo legado es nada menos que su casa (actual museo, vecino del Cabrera Pinto).
Los Lercaro eran una poderosa familia genovesa que se dedicaba al comercio. No nos ha de extrañar que fueran de esta procedencia, por naturaleza los genoveses eran célebres comerciantes de la Edad Moderna y, se sabe además, que los genoveses realizaron incursiones a las Islas Canarias incluso antes que los españoles.
Si, así es, sólo que en conquistar los españoles llevaron la delantera.

En el siglo XVI, tras la conquista, se instalaron en la ciudad de La Laguna y levantaron su imponente casa. El padre de familia (Don Antonio) decidió casar a su hija, Catalina, con un hombre mayor que ella (algo muy típico de la época).
Ella, odiaba la idea de casarse con un hombre por conveniencia familiar. De modo que, en su única manera de rebelarse, el mismo día de su boda decidió tirarse por el pozo que había en el patio de la casa.

Al suicidarse, se cuenta que no se pudo enterrar en suelo cristiano; la Iglesia católica consideraba pecado el suicidio. Por este motivo se sospecha y se cuenta que el cuerpo de Catalina fue enterrado en la misma casa.

Lo que sí se sabe con seguridad es que, tras este hecho desgraciado, la familia decidió mudarse a vivir a La Orotava; donde establecieron otra residencia. (Donde recordemos que se encuentra el mausoleo masónico del Marqués de la Quinta Roja, por ser también rechazado a ser enterrado en suelo cristiano).

Ante tal dramática y bella historia no nos ha de extrañar que se cuenten historias acerca de avistamientos de la dama fantasma del pozo de la casa Lercaro. (Cuarto Milenio ha hecho un reportaje inclusive).


Atentamente,


Elena Rojas

martes, 8 de septiembre de 2015

Marqués de la Quinta Roja. Un Ponte masónico


Marqués de la Quinta Roja. Un Ponte masónico

 Buenos días querido lector:


Vamos a rescatar otra gran curiosidad histórica que encierra mi misteriosa tierra; cuando tesoros históricos guarda donde menos se espera. Si supiesen los turistas que lo más interesante no es nuestro clima ni nuestras playas, sino la cantidad de peculiares personajes que fueron formando nuestra historia.
Hemos visto grandes almirantes como Nelson y famosos corsarios como Amaro Pargo, familias nobles como los Lercaro y edificios singulares como el Cabrera Pinto.
Así que hoy vamos a meternos con la historia masónica. Canarias posee singulares sitios masónicos, siendo de los más importantes de Europa aunque hoy en día pueda pasar la gente por delante sin sospechar cuánto alberga en sus interiores.
La familia Ponte fue una de las familias nobles destacadas por excelencia, aparte de su linaje, su riqueza provenía de sus ingenieros azucareros. Sin embargo, ni la riqueza ni la sangre si quiera valdrá para el Marqués a la hora de rechazarle la Iglesia para darle sepultura cristiana.
¿La Iglesia negándose a enterrar a un noble cuando podía un corsario? ¿Cómo era esto?
Pues ni más ni menos que el VIII Marqués de la Quinta Roja, don Diego Ponte del Castillo, era masón.
Su madre, doña Sebastiana, al encontrarse que la Iglesia le negaba enterrar a su hijo en suelo cristiano, tomó la decisión de construirle a su hijo un mausoleo con jardín para gloria del fallecido masón. Y en esta decisión aceptaba a su hijo plenamente su condición masónica, puesto que encargó al arquitecto francés Adolph Coquet el mausoleo, uno masónico.

Así que no es de extrañar que el jardín y la edificación estuviera llena de signos masónicos, la estructura, los escalones, las verjas…todo acorde a la ideología masónica. Finalmente, el marqués fue admitido en sepultura cristiana (aunque a punto estuvieron madre en ser negados por la Iglesia).

Hoy en día se puede visitar, aunque lamentablemente, al ser reformado, parte de la distribución ha sido alterada, pero aún se ven claramente los elementos masónicos.
Sin embargo, este mausoleo masónico nunca albergó al fallecido Diego Ponte…
¿Por qué?


Porque la lucha encarnizada de su madre llegó hasta el mismísimo Vaticano y finalmente pudo enterrar a su hijo en el panteón familiar. Pero, por fortuna, ya el singular y único jardín estaba construido para toda la posteridad.


Atentamente,

Elena Rojas

sábado, 5 de septiembre de 2015

El cañón Tigre y el Almirante Nelson


El cañón Tigre y el Almirante Nelson

Buenos días querido lector:

Hoy vamos a ver otra curiosidad histórica. Una de las memorables de mi tierra que enorgullece e involucra a uno de los personajes más emblemáticos de la historia inglesa:
El almirante Nelson.
Y el cañón Tigre.
Bien es sabido que las Islas Canarias era un punto estratégico en las rutas navales, quién las tuviese tendría el punto de repostaje antes de cruzar el Atlántico con vistas a las Américas (o a su vuelta).
La carrera en conquistar Canarias fue ganada por la Corona Española, sin embargo, eso no impidió que otras potencias intentaran hacerse con ellas igualmente.
Los ingleses estaban muy interesados en poseer las islas y durante mucho tiempo lo intentaron. En uno de sus ataques enviaron a su almirante con una flota de navíos y 900 hombres.
Para el año de 1797 Santa Cruz empezaba a tener un puerto importante, pero con plaza fortificada y fortines artillados  situados en la costa y en las alturas, dado las numerosas veces que debían defenderse de piratas y corsarios.
La madrugada del 21 de julio de ese año los santacruceros divisaron a la flota inglesa y avisaron al Gobernador. Éste mandó a llamar a las milicias santacruceras (es decir, en su mayoría los propios vecinos) y un destacamento francés.
El primer intento de desembarco de Nelson fracasó por vientos desfavorables. El día 22 logró desembarcar  en la playa de Valleseco. Pero hubo de retirarse, el abrupto terreno le impedía llegar y defenderse de las milicias que disparaban desde el castillo de Paso Alto.
Realizó otro intento el 25 de julio con unos 700 hombres y de forma sigilosa desembarcaron en la bahía para coger por sorpresa, pero la Fragata de San José dio la voz de alarma, así como el castillo de Paso Alto.
Los santacruceros descargaron toda su artillería contra los ingleses infringiendo numerosas bajas y, fue en este día, donde Nelson perdió un brazo arrancado por uno de los cañones que defendían la bahía: el cañón Tigre.
Este cañón estaba situado en la tronera del Castillo de San Cristóbal, colocado a baja altura para dificultar el desembarco en la playa.
Hoy en día es el cañón el símbolo de esta victoria que encumbró de gloria el 25 de julio y obligó la rendición y retirada del almirante. Si bien es verdad que no se puede demostrar a ciencia cierta que fue justo este cañón el causante de la pérdida de su brazo (pues había más cañones dispuestos para defender) se le adjudica a éste. Alguno de ellos fue, evidentemente, y uno de ellos debía ser escogido para ser recordado y sirviese de ejemplo de la fecha señalada. Como suele pasar con innumerables símbolos repartidos por todo el globo.
Este cañón hasta hace poco se podía ver en el museo militar de Santa Cruz (El Almeida). Pero hoy en día se puede ver bajo la Plaza España de la capital. Para mostrar donde estaba colocado aquel día para la defensa.
Si nos preguntamos por su origen, fue forjado en los hornos de Sevilla en 1768. Así que este cañón une intrínsecamente la historia de Canarias con la de su nación; así como con la inglesa.


Atentamente,


Elena Rojas

jueves, 3 de septiembre de 2015

Amaro Pargo, rival de Barbanegra. El Corsario enterrado en el convento.


Buenos días querido lector:

Por historias curiosas, conozcamos una de lápidas piratas en templos.

Muchos son los curiosos que se acercan a las Iglesias, aquí en Canarias, para ver las "tumbas piratas". Para mirar las lápidas centrales en el suelo con las insignias propias de piratas que hartos estamos de ver en las películas.

Si bien no hay que juzgar a la primera por ver lápidas como estas:




Si leemos además que es de un capitán, más tendemos a pensar en piratas. Sin embargo, recapitulemos un poco para entender por qué en Canarias encontramos con frecuencia tumbas en las Iglesias y conventos. Todo aquel edificio eclesiástico levantado antes del siglo XVIII, era común enterrarse allí, encontrando que las élites se situaban en las zonas del interior centrales y cerca del altar; mientras que los menos pudientes se hacían enterrar en los laterales. A partir del siglo XVIII se prohíbe esta práctica, y en Canarias llegó con décadas de retraso esta nueva ley. Además, el signo de lápida funeraria se representaba con la calavera con los huesos cruzados, símbolo que hoy en día lo relacionamos más con la piratería.

Dicho esto siempre es algo digno y curioso de ver y más cuando sabemos que historia hay detrás.

Por otro lado, no hay tumba más famosa y digna de ver que la de Amaro Pargo, cuyo nombre real y completo es Amaro Rodriguez Felipe y Tejera Machado. Este peculiar personaje es originario de Tenerife y fue tan importante que se hizo enterrar en el actual Convento de Santo Domingo:


Una vez más, apreciamos el signo que hoy relacionamos a piratas y, en este caso, no iríamos tan desencaminados si sabemos que fue un Corsario a la altura de BarbaNegra o Francis Drake.
Este hombre nació un 3 de mayo de 1678 en San Cristóbal de La Laguna. Pronto se hará a la mar y gracias a su peripecia y astucia que hace ganar batallas, se hará dueño de su primer navío en regalo por parte de su capitán. Sin desperdiciar oportunidad se convirtió en rico comerciante gracias a los esclavos africanos llevados a América Latina. Además obtendrá la "patente de Corso", por parte de la Corona

((Recordemos que Corsario era un pirata al servicio de la Corona que luchaba en beneficio de la monarquía y a cambio obtenía sus beneficios; mientras que un pirata propiamente vivía al margen de toda ley, con que si era apresado sería ahorcado por robar en todo navío)).

Extenderá sus negocios a vender vino de malvasía de sus tierras en Geneto, Valle Colino y Tegueste. Cuando navegaba rumbo a América para vender sus productos, de paso atacaba a los buques ingleses y neerlandeses en favor a la Corona Española. Así que no nos extrañemos si se convirtiese en el hombre más rico de Canarias en la época.

Sin embargo este corsario tenía su corazón y era fiel devoto católico, donaba bastante dinero a la Iglesia de los Remedios (actual Catedral de La Laguna); construyó una capilla para los pobres y donaba dinero también a los presos de la cárcel.

En 1725 este corsario se convirtió a noble con el título de hidalgo, pero eso no impidió que se enfrentara a temibles piratas como BarbaNegra.

Hoy en día sigue causando admiración este singular personaje. Tal es así que la compañía de videojuegos Ubisoft financió su exhumación en 2013, con vistas de sacar el videojuego: "Assassin's Creed IV: Black Flag". En la exhumación se comprobó que, incluso en su muerte, Amaro Pargo siempre tuvo corazón para lo más desfavorecidos, pues no sólo había familiares enterrados cerca de su tumba, sino también restos de bebés. Esto se debe a la costumbre española de que los bebés sin bautizar eran enterrados junto a un adulto para que fueran guiados al cielo.

Espero que haya gustado esta curiosa historia.

Atentamente,

Elena Rojas


lunes, 24 de agosto de 2015

Aldeanos y brujos. El populacho de la Inquisición


Buenas dias querido lector:


Tras consultar con la almohada, vamos a invertir el orden, para no perder el hilo terminamos con esta sección y luego el relato.
Como ya hemos ido viendo y desgranando, sólo nos falta el último capítulo para terminar de conocer a los personajes históricos reales.
En este caso, miraremos a lo que se conocía por los inquisidores como “populacho”. Es decir, el pueblo llano. Un pueblo humilde y campesino en su mayoría, analfabeto y feligreses devotos.
Y en tiempos de Inquisición más les valía pagar el diezmo y cumplir los preceptos como buenos cristianos o corrían riesgo para su integridad física y la honra de la familia.
En esta época es cuando llegó a Zugarramurdi la noticia de la existencia de unos seres temibles llamados brujos (por nuestra querida María de Ximildegui) y, como hemos visto en el artículo anterior, se empezó a señalar a algunos vecinos del pueblo de que practicaban el arte de la brujería.
La primera acusada fue María de Jureteguía, a la cual apodé en la novela como “La Niña Buena” y como se le reconoce en el vídeo (esto es así dado que casi todas las mujeres se llamaban María y costaba distinguirlas dejando sólo sus nombres).
Claramente esta campesina entró en cólera y negó en un primer momento, pero fue tan arrolladora La Francesita y convenció a todo el pueblo que la muchacha se vio prácticamente obligada a confesar para salir lo mejor parada posible.
Así empezó una intricada maraña de acusaciones movidas por el terror y la manipulación entre el propio populacho y la Inquisición.
Se les acusó de ir a aquelarres celebrados en el propio pueblo, fabricar venenos, convertir a cristianos en brujos y enseñarles las artes maléficas, asesinatos de personas...
La lista es inmensa de acusados de brujería (cerca de seis mil nombres). Uno de estos nombres fue Catalina de Lizardi, la que será, en la novela, vital para la historia incluso antes de que comenzara.
De Zugarramurdi, los primeros acusados de brujería fueron:
-María Chipía.
-Miguel de Goiburu.
-Juanes de Goiburu.
-Graciana de Barrenechea.
-La familia Navarcorena.
-María de Yriarte.
-Estevanía de Yriarte.
-Juanes de Sansín.

-Juana de Telechea.

¿Te suena alguno de estos nombres?

Atentamente,

Elena Rojas

domingo, 23 de agosto de 2015

La Francesita. El comienzo.



Buenos días querido lector:

He aquí el origen del todo, si, las brujas de Zugarramurdi marcaron el más negro capítulo de la historia de las brujas en el norte de España, implicando hasta el mismo Inquisidor General, o incluso el rey. Pero para entonces la historia estaba muy empezada.

¿pero cómo comenzó si ni siquiera se conocía la palabra "bruja" en aquellos pueblos?



Esta es la historia de la entrañable “La Francesita”. Su nombre real, María de Ximildegui.
Esta chiquilla tenía padres franceses que vivieron en Zugarramurdi hasta que la joven cumplió los dieciséis años, momento en que se trasladan a vivir a Ciboure; un pueblo costero francés situado a tres leguas.
María volvió a Zugarramurdi con veinte años para servir mientras sus padres se quedaron en Ciboure.
Pero vivir cuatro años en el pueblo francés le permitió familiarizarse con algo que era del todo desconocido en los reinos españoles:
¡Brujas!
En Francia estalló la gran persecución contra las brujas. En Ciboure y el pueblo colindante (San Juan de la Luz) hubo una impresionante cacería brujeril instigada por Pierre de Lancre. Tal era el miedo que se tenía a los brujos que la gente se resguardaba por la noche en la Iglesia con vela encendida en mano. Esta gente temía ser llevada al aquelarre.
La propia María de Ximildegui, empezó a pasar noches en casa de una amiga y, después, a acompañarla a divertidos bailes en la playa durante la noche. Cuando se dio cuenta, asistía a asambleas de brujos a la orilla del mar bajo presencia del Demonio (según su testimonio).
Así permaneció durante año y medio hasta la Cuaresma de 1608. En esas fechas la joven decidió volver al Cristianismo y acudió al párroco, el sacerdote Hendaya. Le comunicó al clérigo que tenía miedo de las represalias de las brujas y que durante siete semanas había caído gravemente enferma, a borde de la muerte, debido al dolor y las figuraciones del castigo que le esperaba.
Convencido el sacerdote, pidió al Obispo de Bayona permiso para la absolución de la moza, que fue concedido en julio del mismo año. Así que María fue absuelta y se le dio comunión.
Tras esta experiencia de la cual claramente no fue consciente de la suerte que tuvo de no ser sometida a tortura o quema en la hoguera. Al regresar a Zugarramurdi, empezó a comentar con el populacho sus aventuras y peripecias con las brujas.
Así que la gente empezó a conocer a las brujas y hablar de ellas.
A temerlas.
A ponerles cara de sus vecinos.
A acusarlas.
María de Ximildegui llegó más allá. Empezó a señalar vecinos suyos afirmando que habían participado con ella en aquelarres, fue tal su donaire y encanto, su convicción y viveza; sus detalles en los relatos. Que la creyeron y así fue el comienzo de la etapa brujeril en los reinos españoles que desencadenó una auténtica fiebre y terror, persecución y castigo sin freno ni control.
El Tribunal de Logroño tomó cartas en el asunto y, en vez de acabar con la plaga de brujas se multiplicó y destapó un sinfín de aquelarres;  tal fue el escándalo que llegó al Consejo de la Suprema, interviniendo el mismísimo Inquisidor General:
Bernardo Sandoval y Rojas, protector de Alonso de Salazar de Frías.



Atentamente,


Elena Rojas

 El abogado de las brujas

http://www.casadellibro.com/ebook-el-abogado-de-las-brujasel-inquisidor-ebook/9788460694656/2580161

sábado, 22 de agosto de 2015

Tribunal de Logroño. Poco antes de las brujas

Buenos días querido lector:


Como prometí, hablar un poco más de los personajes que salían en los vídeos y despistaban. Al igual que Alonso Salazar de Frías, son todos personajes reales que existieron y participaron en el caso de las brujas de Zugarramurdi.

Miremos ahora a los compañeros de “El abogado de las brujas”. Sus compañeros inquisidores, el fiscal y el secretario. Estos eran:

Alonso de Becerra Holguín: monje de cuarenta ocho años perteneciente a la orden de Alcántara. Fue admitido en dicha orden en la ciudad que lo vio nacer (Cáceres). No obstante, vivió principalmente en Alcántara y Salamanca. Su labor como inquisidor comenzó a sus cuarenta años y, exactamente el 26 de marzo de 1601, entró en el Tribunal de Logroño.

Juan de Valle  Alvarado: clérigo de cincuenta y cinco años cuando entró en el tribunal de Logroño y congenió enseguida con su colega Becerra (lo cual entonces no es de extrañar que discutieran con Salazar). Procedente de Santander, fue párroco y comisario inquisitorial. Tras esto fue secretario del obispo de Burgos durante muchos años y luego del de Valladolid (Juan Bautista de Acevedo); cuando éste ascendió a Inquisidor General en 1603, Valle le acompañó como secretario de cámara y, a la muerte de éste en 1608, se convirtió en el flamante inquisidor justo a tiempo para las brujas de Zugarramurdi.

En cuanto al fiscal, Isidoro de San Vicente, ocupó la plaza vacante que había dejado Juan Laso de la Vega. A sus veintinueve años,  se incorporó en septiembre de 1608 al tribunal. Congenió con sus dos superiores también enseguida.

Por último, el secretario Luis de Huertas y Rojas también tenía veintinueve años cuando llegó a Logroño.
De modo que, si os dais cuenta, el caso de las brujas de Zugarramurdi tuvo la extraña casualidades que se encontró en el Tribunal de Logroño a un equipo recién llegado de todas partes y que no llevaban demasiado tiempo allí. De hecho, el último en incorporarse sería Salazar el 20 de junio de 1609 (con cuarenta cinco años) ya fraguándose la impresionante historia. Rápidamente chocó con sus otros dos colegas por tener un pensamiento adelantado a su época.


¿Cómo sabemos esto? Sus continuas disputas quedaron patentes en los documentos. Al tener los tres inquisidores el mismo rango debían ponerse de acuerdo antes de actuar y sus votos debían ser unánimes. Como no lograban ponerse de acuerdo tenían que enviar continuos requerimientos a la Suprema para poder solventar las desavenencias.



Atentamente,

Elena Rojas

jueves, 13 de agosto de 2015

Prólogo: El abogado de las brujas

Buenas tardes querido lector:


He aquí el prólogo:

1588, Singüenza.
Ellos se cerraban, él los abría. Pero sus ojos se volvían a cerrar, somnolientos, al compás de sus bostezos.
Ellas aflojaban las bridas, él las apretaba. Pero las adormecidas manos, las volvían a soltar.
Salazar abrió los ojos de nuevo y agarró con fuerza las riendas.
¡Dichoso sueño! ¡Ni que fuera de noche!
El recién licenciado de Derecho Canónico miró atrás, a los lados y en frente, pero no veía el solitario camino por el que andaba, pues estaba oscuro.
Era de noche.
El sol se había despedido de él mientras dormitaba. Miró al firmamento, ahora sólo había estrellas intensas, como perlas radiantes, en océanos de azul marino y la hermana pequeña del sol: la luna.
Suspiró, resignado.
Detuvo a su fiel y dócil yegua. Se apartó del camino y ató a un sauce al animal. La acarició dulcemente y cogió una pequeña manta para dormir unas horas, las imprescindibles. Pensaba ponerse en marcha con el primer tímido rayo del sol.
Se acurrucó al viejo tronco y cerró los ojos.
Apacible noche.
Ese fue su último pensamiento antes de quedarse profundamente dormido.
Un repentino remolino, un violento viento le arrancó despiadadamente la manta.
Contrariado, se levantó y recuperó la manta. Miró al cielo, seguía despejado.
No entendía de donde había salido aquella ráfaga de viento. Se volvió a acurrucar y echó un vistazo a la yegua, que resoplaba intranquila.
Observaba algo fijamente en la copa del sauce.
Salazar levantó la cabeza y atisbó un cuervo en una rama.
¿Pero de dónde había salido si no estaba? ¿Vino con el remolino de viento?
Bah, tonterías…
Salazar se dio la vuelta apartando cualquier pensamiento estúpido de su mente y cerró los ojos, cansado.
Un graznido.
Se tapó la cabeza con la manta.
Otro graznido.
Y otro, y otro más. Aquel pájaro mal agüero no se callaba.
Irritado, Salazar se levantó para espantarlo. Gritó e hizo aspavientos para asustarlo.
Pero ahí estaba el cuervo, tan tranquilo, de hecho parecía mirarlo con burla, con unos ojos astutos. Voló y se posó en una rama más cercana, como si quiera escudriñarlo mejor con aquellos ojos saltones y sarcásticos.
-Ahora verás-musitó Salazar, cogiendo una piedra del suelo y lanzándola contra el ave.
¡Zas! Pasó muy cerca…pero el cuervo ni se inmutó.
Salazar se quedó pasmado, aquello no era normal. El cuervo le siguió escudriñando con sus ojos astutos, era como si le mirase otro humano.
-Está bien, compartiremos el árbol- se rindió. No iba a dejarse asustar por el ave. Él no creía en absurdas supersticiones pueblerinas. Él sólo creía en Dios.
Cogió la manta y se volvió a acomodar en el tronco del sauce. La verdad es que esperaba oír de nuevo los molestos graznidos.
Pero no, sólo el silencio llenaba sus oídos. Feliz, se dispuso a dormir.
Sin embargo, empezó a removerse debajo de la manta, intranquilo. El sueño y el cansancio le abandonaron de golpe, se puso muy nervioso y no entendía por qué. En vano trató de relajarse respirando hondo. Tenía una sensación extraña, como si una vieja malhumorada lo azuzara con un bastón. Intentó desquitarse de la cabeza esa estúpida idea.
Pero era imposible.
Se quitó la manta de un manotazo, levantándose de un salto y dispuesto a coger a la yegua para alejarse de aquel lugar siniestro.
-¡Esto es el colmo!- farfulló iracundo, al ver la escena.
El cuervo estaba en la grupa. Yegua y cuervo se miraban el uno al otro fijamente, como si se hablaran a través de los ojos.
-¡Fuera, bichejo!-gritó, acercándose muy enfurecido.
Una vez más, el cuervo ni se inmutó. Estupefacto, Salazar se quedó enfrente de la grupa, muy cerca del ave y mirándolo fijamente. El cuervo le sostuvo la mirada con sus ojos astutos.
Salazar necesitó dar un manotazo para que saliera volando.
Para no reconocer que tenía miedo de aquella insólita situación, se limitó a resoplar enfadado mientras desataba a la yegua del árbol y la montaba para alejarse de allí.
La yegua ni se movió.
-Vamos, por el camino- azuzó extrañado, nunca le había desobedecido, pero la hembra se dio media vuelta y empezó a caminar por el bosque, en dirección al río Henares. -¡Por ahí no!-, de nada le sirvió tirar con todas sus fuerzas para que volviera por la senda. -¿Pero qué te pasa, testaruda?-, intentó pararla para poder bajarse, pero la yegua seguía sin hacerle ningún caso.
Salazar alzó las manos y miró al cielo para implorarle a Dios que le ayudara en esa noche tan torcida.
Se quedó con los brazos levantados, pasmado.
Ahí estaba.
El cuervo.
-¡Está siguiendo al maldito pájaro!-, tiró de las riendas con todas sus fuerzas y espoleó fuertemente con los talones. No iba a permitir que un cuervo ahora le dictase el camino.
Pero el cuervo se alejó rápido y la yegua le siguió al galope.
A Salazar no le quedó otra que agarrarse para no caerse y ponerse a rezar para que acabara aquella locura insensata.
Hoguera rodeada.
Gritos aterrados y amenazadores.
El Río Henares, testigo silencioso e impasible.
-¿Qué ocurre aquí?- preguntó Salazar, con tesón.
Los gitanos pararon de gritar y moverse en círculos alrededor de la fogata y una mujer agachada, que gimoteaba.
Cualquiera hubiese dado media vuelta para no buscarse problemas. Pero Salazar no era cualquiera.
-Sigue tu camino, extraño, esto es asunto gitano-espetó un hombre alto y corpulento, con mirada avinagrada.
-Mm… ¿Por qué no soy gitano? ¿Lo es la mujer a la que asustáis?-interrogó Salazar, perspicaz.
-No- reconoció el mismo hombre, escupiendo la mezcla de hierbas que mascaba. -Pero es bruja- añadió, -así que no os acerquéis si no queréis resultar herido-advirtió mientras le daba la espalda.
-Ahh…claro-asintió con ironía, -Dios me protege, soy sacerdote, con que no me pasará nada si me acerco-declaró duramente.
Bueno, para ser exactos…
Lo iba a ser muy pronto, por eso se había puesto en camino, para tomar los hábitos y ponerse al servicio del obispo de Jaén. El Señor le perdonaría la mentira por una buena causa. Él no creía en brujas ni otras habladurías, achacaba la creencia de esas fábulas a la ignorancia de la gente.
El hombre, que parecía el jefe del clan se volvió de nuevo, para escudriñar con sus ojos de vinagre al futuro clérigo.
-Es más, de ser así, me concierne-agregó, abriéndose paso con la yegua al centro, donde estaba la mujer agazapada, muy cerca del fuego.
No era una mujer encogida en el suelo por miedo.
Era una niña de pie, paralizada del terror.
-¡Pero si la cría no debe de tener más de seis o siete años!-exclamó indignado, -¡qué va a ser bruja!-negó, bajando de la yegua y acercándose a la niña.
-¡No os aproximéis, el diablo está cerca de ella!-bramó una mujer de voz ronca.
Salazar se detuvo y observó a la anciana con la cara oculta por las greñas grisáceas y una nariz descomunal. Estaba recubierta toda su piel agrietada por harapos de lo que antaño fue de colores chillones y unas pulseras con herrumbre.
Salvo sus manos, asomaban con dedos enroscados y uñas largas, retorcidas y amarillentas. Enseñaba tres cartas.
El diablo, un hombre colgado al revés y otro hombre abriéndole la boca a un león.
Cartas del tarot.
Aquella mujer sí que parecía bruja.
-¿Adivina? Esas cartas endiabladas no son obra de Dios, así que o se deshace de ellas y dejan tranquila a la moza o me veré obligado a…tomar cartas en el asunto-concluyó.
-¿Amenazas a mi abuela con denunciarla a la Inquisición? ¿Aquí? ¿Solo y de noche?-inquirió el gitano, agriándose la mirada aún más y sacando un cuchillo.
-No me parece justo que a una anciana que se entretiene con una ilógica baraja acabe torturada como a las brujas gallegas ¿sabes qué le hacen?-le preguntó Salazar impasible, – les deja caer sobre la cabeza un goteo de agua continuo, al cabo de un tiempo, el cráneo se ha perforado-siguió mientras cogía a la niña y la montaba a la grupa de la yegua. –Pero tampoco es justo que se haga daño a una niña por una tirada de cartas-concluyó, dispuesto a subirse él también.
-¡¡Quieto!!-chilló la anciana, zarandeando las tres cartas, -el colgado anuncia el poder profético; la fuerza que abre la boca del león, revela el poder de domesticar a las bestias; esos dones se los ha dado el diablo-bramó, señalando con su maltrecho dedo a la niña.
Haciendo caso omiso, Salazar hizo un conato de subirse a la montura.
-Alto, cura, no nos libraremos de la maldición hasta que nos deshagamos de la niña- el gitano amenazó con el cuchillo al cuello de Salazar.
-No son más que supersticiones-decretó, afilando la voz, manteniendo toda la calma posible. –Y una maldición si te caerá como me mates a mí, la justicia te mandará a la horca-prometió.
Todos estallaron en carcajadas. ¿Quién iba a saber qué fueron ellos? Si enterraban su cuerpo jamás nadie sabría qué le pudo ocurrir al cura.
La amenaza no había surtido efecto.
-La mala suerte pesa sobre esta familia, sólo se romperá este mal de ojo con la sangre de la mocosa- aseguró el gitano.  -Curó a un ruiseñor que tenías las alas rotas de sólo tocarlo, y estaba hechizado por ella, pues cantaba de día y no de noche. Cuando le echamos los perros hambrientos, éstos sólo se dedicaron a darle lametones y se nos echaron encima a nosotros- bramó, apretando el cuchillo contra el cuello de Salazar, mientras le mostraba el otro brazo lleno de mordeduras.
-Miró a mi hermano y le dijo que moriría- agregó otro gitano, con la cara sucia y cuerpo esquelético, -¡y murió! Ella le echó un sortilegio-acusó.
-Mis pequeños se extraviaron y se cayeron sobre un pozo, la niña sabía dónde estaban ¡sólo lo podía saber porque los tiró por maldad!-sentenció una mujer de voz chillona con dos niños pegados a sus faldas.
-Además, hemos perdido nuestros dineros, pasado hambre y el mal tiempo nos sorprende de pronto ¡nos lanza conjuros!- añadió otra gitana, exaltada.
-Eso son coincidencias que achacáis a mala suerte-negó Salazar.
-Siempre la Iglesia nos han condenado y perseguido, Padre, con que si se interpone en nuestro camino, no tendremos piedad-juró el gitano que le amenazaba con el cuchillo. Estiró el brazo y bajando a la niña del animal tirándole del pelo.
La pequeña rompió a llorar tras la fuerte caída. Sin piedad, el gitano la arrastró por el suelo por la cabellera de fuego; el fulgor de las llamas se reflejaban en el pelo de la aterrada niña.
Un aullido se escuchó, parecía el de una vieja.
Un viento de una infernal fuerza se levantó, formando un remolino con tal brío que ahogó las llamas de la fogata y todo quedó a oscuras.
Así, oculto, en la negra noche el gitano no vio al negro cuervo hasta que sintió el picotazo en su mano.
Soltó el cuchillo.
Salazar lo cogió en su caída y agarró la mano de la niña, pero el gitano no la soltaba y tiró más por la cabellera mientras le asestaba un puñetazo en la cara de Salazar.
Ignorando el dolor, no puso la otra mejilla como le habían enseñado; sino que le dio una patada en la ingle. Con el cuchillo cortó el pelo de la pequeña, liberándola.
La niña salió corriendo.
No lo veía bien en la oscuridad, pero escuchó como toda la familia gitana sacaban los cuchillos.
Aquel era un buen momento para que Dios obrase uno de sus milagros.
Mientras hacía un ruego rápido mental, Salazar se montó en la yegua de un salto, le dio la vuelta y la encabritó.
El animal empezó a dar coces de diestra a siniestra, daba dentelladas y pisoteaba. En la oscuridad, los gitanos no venían de dónde venían los golpes. Los hizo volar por el aire y creer que aquel cuadrúpedo también estaba bajo el hechizo  de la niña, pues no quedó uno en pie.
Salazar intentó ver dónde estaba la pequeña, pero no la veía por ninguna parte. De repente, todo le dio vueltas y se mareó.
Algo cálido le estaba empapando las ropas por un costado.
En la oscuridad, aquella mirada agriada brilló. Tras acuchillarlo a traición, lo derribó de la montura y lo pateó con una sola pierna. Lo agarró del cuello y, cojeando, lo arrastraba hacia la orilla del río.
-Tú has venido a desgraciar a mi familia porque la bruja te llamó, condenado cura-jadeó el gitano.
Una bruja pidiendo ayuda a un futuro sacerdote.
Salazar se hubiese reído de tener fuerzas, pero se le escapaban, mezclándose con las gélidas aguas del río.
El gitano le siguió arrastrando más adentro del río y le hundió la cabeza, ahogándolo.
Mientras todo el aire le abandonaba en burbujas, el frío le atravesaba todo el cuerpo. La sombra de su agresor se movía con el vaivén del agua. Forcejeaba, pero cada vez con más debilidad mientras la vista se le nublaba.
El sueño con el que empezó la extraña noche regresó.
Se estaba muriendo.
Cuando acabase con él, iría a por la indefensa niña.
¡No permitiría tal atrocidad!
Aún llevaba el cuchillo que le arrebató. Lo había guardado entre sus ropas.
El gitano rió y soltó al cuerpo inerte que ya no le ofrecía resistencia. Pero Salazar emergió de las aguas y blandió el arma en alto.
Gritó sorprendido y esquivó el golpe por muy poco. Pero el gitano se recompuso rápido y  le sostuvo el brazo para frenar el golpe, le metió un puñetazo en el estómago que le dobló. El hombre le retorcía la muñeca para que soltara el cuchillo, pero Salazar no lo soltaba. Allí, doblado, mientras seguía recibiendo golpes, hundió en las aguas la otra mano y cogió una roca.
Se levantó con brío y con sus últimas fuerzas hundió la roca en la mejilla del gitano.
Tambaleó.
Dio unos pasos.
Cayó de rodillas en el agua.
Levantó su mano implorante al rosario que titilaba en el cuello de Salazar. Pero no lo pudo alcanzar… como no alcanzaría el cielo.
Se hundió lentamente.
La mirada avinagrada perdió su último brillo bajo el río. Su sepultura.
Para no compartir tumba con aquel infame, Salazar salió a la orilla con pasos temblorosos.
La yegua se acercó y él  montó para alejarse de allí, despacio, despacito…la herida le dolía agudamente.
Se recostó en el cuello de la hembra para dormir, por fin, esa noche.

La calidez del sol le despertó.
Amanecía apaciblemente.
Salazar se desperezó y se frotó los ojos.
¡Madre mía! ¡Se había quedado dormido en la propia yegua toda la noche! No llegó a pararse a descansar.
Miró en derredor para ver a qué altura del camino se hallaba, si faltaba mucho o poco.
Un momento… ¡estaba herido de muerte!
Salazar recordó asustado que le habían acuchillado, rebuscó entre sus ropas y se palpó el costado.
Estaba intacto.
Se dio en la frente, avergonzado. Sólo había sido una pesadilla con un cuervo y unos gitanos.
Ese mismo día, al atardecer, se ordenaba sacerdote y ya había olvidado completamente el extraño sueño, con una niña bruja de cabello encendido como el fuego.
Ignorando…
…que mientras dormía sobre la yegua, esa niña que huyó, plantó la semilla de una rosa justo cuando el corazón daba su último pálpito.
Era roja, como la sangre derramada de Salazar.
Pero la luna le siguió dando la luz y esta se fue tornando blanca. Cuando hasta el último pétalo era puro blancura, el corazón de Salazar volvió a latir.
Contenta, la niña arrancó la delicada flor blanca y se la llevó. La necesitaría en un futuro, tanto para él como para ella.

Una rosa que no marchitaría hasta el final de los días del futuro inquisidor.

Atentamente,

Elena Rojas